Trabajar la tolerancia a la frustración a través del CrossFit

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En los tiempos que corren la inmediatez cotiza alto. Los smartphones son capaces de todo y cada vez más rápido. Existe una aplicación o tienda especializada para casi cualquier cosa. ¿Lo quieres? Lo tienes; gratificación instantánea.

La consecuencia lógica a todo esto es que tenemos una tolerancia a la frustración cada vez más nula. Acostumbrados a tener lo que queremos al minuto en que aparece la necesidad, retrasar este proceso (aunque no sea por mucho) nos cuesta una barbaridad.

Lamentablemente, esta circunstancia se transfiere a toda nuestra vida. Desde el que le da 2000 veces al botón de cerrar aun sabiendo que no va a responder, hasta el que sigue intentando flexiones de pino estrictas en fatiga con un descanso mínimo.

YA NO SABEMOS ESPERAR.

Lo cierto es que la tecnología solo irá a «mejor» y si no encontramos la forma de practicar la tolerancia a la frustración, nos esperan muchos disgustos que son en su mayoría evitables.

En esta búsqueda deliberada de tolerancia a la frustración he podido descubrir que el CrossFit ayuda a potenciarlo por 3 razones en particular.

Te enseña a gestionar tu ritmo

Noah Ohlsen es reconocido por salir muy fuerte y quemarse antes de tiempo. Fuente: CrossFit Games.

Nuestro ego tiene un campo de acción bastante amplio en tanto que monitoriza de fondo todas nuestras actuaciones. Todos queremos anotar una buena puntuación en la pizarra. Así ocurre que se nos presenta «Fran» en el WOD y lo atacamos como animales desde el 3, 2, 1, ya. Se plantea «Cindy» como WOD y lo atacamos del mismo modo.

Aunque sean entrenos de un dominio temporal muy distinto, el resultado suele ser nefasto en ambos casos si lo realizamos a una intensidad inadecuada. En el CrossFit ocurre algo curioso y es que cualquier entreno puede convertirse en una pesadilla si lo ejecutas a un ritmo descabellado. Confundir «alta intensidad» con «ritmo suicida» nos lleva a trabajar muy por encima de nuestras posibilidades. ¿Qué ocurre? Que nos damos con un muro después de la primera ronda.

Aún recuerdo mi primer día en un box. El WOD era un inocente AMRAP de burpees con dominadas, flexiones soltando las manos y carreras de 200 m. Lo cogí con tantas ganas que tuvieron que levantarme del suelo al terminar. Me pitaban los oídos, estuve mareada una media hora y tuve que sentarme en un banco con 1,5 l de Aquarius para volver en mí.

Me ha pasado a mí y nos ha pasado a todos. Pero con tiempo y con experiencia, aprendemos a gestionar nuestro ritmo para llegar con fuelle hasta el final.

Y, ¿qué tiene eso que ver con la tolerancia a la frustración? Lo que nos ocurre a algunos cuando empezamos «despacio» es que los 4 o 5 compañeros que salen como alma que lleva el diablo nos adelantan. Entonces empiezan las dudas, las angustias, piensas que si ellos pueden, tú también (porque seamos realistas, el ego puede no ser protagonista pero siempre tiene algo que decir). La ristra de pensamientos automáticos negativos puede ser de mayor o menor longitud – según nuestro grado de competitividad – pero es igual de irritante.

Cuando ya llevas unos cuantos WODs a tus espaldas, te das cuenta de que esos pensamientos nunca desaparecen por completo. Simplemente aprendes a desoír y a mantener tu ritmo. Y, al final, acabas adelantando a los demás. O, ¿es que no habéis visto nunca competir a Froning?

Te ves expuesto a una ingente cantidad de frustraciones

tolerancia a la frustracion
Pat Vellner fallando un snatch en los CrossFit Games de 2018. Fuente: CrossFit Games

El CrossFit es un deporte emocionante porque te da muchas posibilidades pero a la vez es muy poco agradecido. Conseguir ese ansiado ring muscle-up queda genial en Instagram pero las frustraciones que tenemos que llevarnos para llegar a eso…no son pocas. Lo mismo ocurre con los saltos dobles de comba, nuevas RM, el handstand-walk

Nos marcamos unos tiempos y unos objetivos que muchas veces no coinciden con la realidad y ante eso no queda más que frustrarse. Y en esa frustración, nos damos cuenta de que hay cosas que no están bajo nuestro control. Aceptar esta realidad es difícil pero a largo plazo es liberador. Querer asumir responsabilidad en todas nuestras victorias y derrotas ni es realista ni es beneficioso para la salud mental.

Con el CrossFit uno aprende que aunque el ring muscle up aún no está a nuestro alcance, las dominadas estrictas, sí. Si sé diferenciar lo que puedo controlar de lo que no, sabré dónde gastar energía. Invertiré mis recursos en hilar más y más dominadas estrictas hasta ganar fuerza suficiente para hacer un ring muscle-up estricto.

Lo que tienes en el box, lo mantienes fuera de él

La habilidad que se desarrolla tolerando frustraciones a diario con el CrossFit, no se encierra entre las paredes del box sino que se extrapola a situaciones vitales. No se trata de buscar la manera de eliminar la frustración de nuestra vida porque es imposible. La realidad nos negará deseos una y otra vez sin que podamos evitarlo. La idea es hacerse con herramientas para aprender a aceptar y a convivir con la frustración. 

Un lugar que nos puede proporcionar esas herramientas es el CrossFit.

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